domingo, 26 de octubre de 2014

Así empieza todo

Toda historia tiene un comienzo,  y ésta no iba a ser una excepción.
El primer recuerdo que tengo es el de un coleccionable incompleto. Apenas unos seis o siete fascículos sueltos sobre la historia de la aviación militar. Me llamaba la atención el imponente Harrier, ese avión que despegaba de los barcos en vertical. O ese Messerschmitt B109 efectuando un picado imposible. Por lo demás,  textos largos, tediosos y aburridos sobre mecánica, incomprensibles para una mente infantil,  y unos croquis como de maqueta con distintas decoraciones y medidas.
Pasaron los años, y con ellos llegó el olvido. Hasta que un día, un juego arcade de ordenador hizo saltar la chispa. Y parecerá una tontería, pero a los mandos de un Sopwith Camel, probé el dulce veneno del anhelo del ser humano: tener la libertad de volar. Salir de los caminos, subir, bajar, girar sin medida.
A partir de ese día, empecé a comprender el valor de esos viejos fascículos que un día encontré en un ropero en mi casa. 
Y luego llegó Internet. 
Poco a poco fui descubriendo más y más modelos de viejos aviones, ya clásicos,  que en la época dorada de la aviación (tristemente, en el periodo de las dos guerras mundiales) se hicieron famosos. Unos a otros iban adelantándose en técnica y versatilidad, año a año, mes a mes, en constante evolución, en una carrera sin fin.
Y el tiempo pasó, pero en menor medida. Hasta que llegó un día, buscando un regalo en una juguetería, en el que me metí en la sección de puzzles. Y de pronto, sin saber cómo, encontré en mis manos una caja con una maqueta de un viejo Supermarine Spitfire.
¿Por qué no lo compré en ese momento? Nunca lo sabré. Indecisión, desconocimiento, falta de tiempo... Aunque me decanto porque en ese día aún no era el momento. Hubiese sido sembrar muy pronto una semilla en un campo no preparado y haber perdido toda la cosecha. No sé si hoy ha variado algo, pero de lo que sí estoy seguro es de que ahora sí es el momento. Tres años más tarde, me lanzo a la aventura. 
Informado, concienciado y advertido. Algo me pide que de vida a esos aviones que convivían en mi subconsciente conmigo en mi infancia, que me dieron la libertad en la adolescencia y que voy conociendo, admirando y añorando día a día, en el presente.
Y éste, y no otro, es el comienzo de esta historia.